Agua para el Alma
El tendero bajó la escoba lentamente, sintiendo que el mango de madera le quemaba las palmas de las manos por la vergüenza de haber juzgado tan mal. —¡Dios mío, pensaba que te escapabas con la mercancía! No sabía que… yo solo vi que saliste corriendo —balbuceó el encargado, retrocediendo un par de pasos mientras observaba … Read more