UNA ANCIANA DE 83 AÑOS TERMINA BAÑADA EN SANGRE Y DESFIGURADA TRAS SER ATACADA POR UNAPANDILLA DE ANIMALES SALVAJES

Lo que comenzó como una tranquila caminata vespertina para estirar las piernas terminó convirtiéndose en una auténtica película de horror. Mary Jo Kelly, una respetada abuela de 83 años y residente de toda la vida de la pacífica ciudad de Alameda, en la Bahía de California, jamás imaginó que salir a dar su paseo habitual la dejaría desfigurada, ensangrentada y clamando por ayuda en mitad de la calle. Pero lo más perturbador de esta historia no es solo la gravedad de sus heridas, sino la identidad de sus despiadados atacantes: una banda de pavos salvajes que ha sembrado el pánico en la comunidad.

La tarde transcurría con total normalidad hasta que el peligro acechó desde las sombras. Sin emitir un solo sonido de advertencia, dos enormes aves de aspecto prehistórico y mirada hostil emboscaron a la anciana por la espalda. El ataque fue tan rápido y violento que Mary Jo no tuvo la menor oportunidad de defenderse. Los animales la embistieron con una fuerza descomunal, haciéndola volar por los aires y estrellarse de cabeza contra el duro pavimento.

“Sangraba por la nariz”: El desgarrador relato de la víctima

Con el rostro visiblemente amoratado y la mirada aún perdida por el trauma, Mary Jo relató los angustiantes momentos a los medios locales: “Me fui de cabeza contra el suelo. Mis anteojos se rompieron en mil pedazos. Me golpeé con fuerza la palma de la mano, el pulgar y la sangre comenzó a brotar de mi nariz de forma incontrolable”, confesó con la voz entrecortada.

Tras lograr zafarse milagrosamente de las garras y picos de las aves, la anciana, en un estado de shock absoluto, logró sacar su teléfono celular para llamar a su esposo. Al verla cubierta de sangre, el hombre la subió al auto a toda prisa y condujo directo a la sala de emergencias. Los médicos, consternados por la gravedad de las lesiones en una mujer de su edad, tuvieron que realizarle una tomografía computarizada en la cabeza para descartar fracturas o derrames internos. Finalmente, los cirujanos tuvieron que aplicarle seis puntos de sutura en la mano derecha debido a los profundos desgarros causados por los animales. Una semana después del incidente, los severos y oscuros moretones aún desfiguran el rostro de Mary Jo, un recordatorio viviente del infierno que padeció.

¿Autoridades de brazos cruzados? La indignación de la comunidad

Pero el calvario de Mary Jo no terminó en el hospital. Al recibir el alta, la mujer acudió de inmediato al Departamento de Policía de Alameda para interponer una denuncia formal y exigir que atraparan a las bestias antes de que una tragedia peor ocurriera con un niño o con otra persona mayor. La respuesta de los oficiales la dejó completamente fría y desamparada: le dijeron que no podían levantar ningún reporte porque el ataque involucraba a la “vida silvestre”.

“Si un perro te muerde en la calle, por supuesto que van a ir a buscarlo y se lo van a llevar. Pero claro, eso es un animal doméstico. Con esto, básicamente están ignorando el problema y dejándonos a nuestra suerte”, denunció Mary Jo con profunda indignación.

Por su parte, Emily Crum, oficial de control de animales de la policía local, admitió que la ciudad actualmente se encuentra atada de manos y no puede remover a las aves. La explicación oficial dejó a los vecinos aún más preocupados: los pavos se encuentran en su temporada de apareamiento de primavera, una época del año en la que sus niveles de hormonas se disparan y se vuelven sumamente territoriales y agresivos. De hecho, las autoridades revelaron que pocos días antes, un pavo ya había atacado brutalmente al perro de un vecino. La única recomendación de la policía para los ciudadanos ha sido: “No se les acerque, cruce la calle si los ve, lleve a su mascota con correa corta y rece por mantenerse lo más lejos posible”.

Un historial de caos y el misterioso truco del pasado

Esta no es la primera vez que la región de la Bahía sufre por culpa de estos emplumados delincuentes. Los residentes más antiguos recuerdan con pavor la historia de “Gerald”, un pavo salvaje sumamente violento que en el año 2020 aterrorizó la localidad vecina de Oakland durante cinco largos meses. Gerald saltaba sobre la cabeza de la gente, los arañaba y los picoteaba sin piedad mientras intentaban huir horrorizados de un parque local.

En aquel entonces, las autoridades se vieron tan superadas por el animal que una experta en vida silvestre tuvo que recurrir a una táctica sacada de una película de espías: se disfrazó de una anciana indefensa, usando ropa holgada y un bastón, para usar como carnada arándanos y semillas. Cuando el pavo Gerald la atacó con furia, la experta logró sujetarlo del cuello para reubicarlo en una zona montañosa.

Hoy, mientras Mary Jo Kelly asegura tener miedo de alejarse demasiado de su hogar tras haber mirado al peligro a los ojos, las redes sociales arden en un debate feroz. Las preguntas inundan los muros de miles de usuarios: ¿Es justo que los ciudadanos de la tercera edad vivan prisioneros en sus propias casas por defender la libertad de animales peligrosos? ¿Debe la ley cambiar para proteger a los humanos por encima de la fauna silvestre en zonas urbanas? ¿Qué pasaría si el próximo ataque ocurre contra un bebé en su cochecito? La indignación crece y la comunidad exige respuestas antes de que sea demasiado tarde.

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